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El aparato vocal: eres tu propio instrumento musical.

El canto es un arte que implica diversas áreas en su desarrollo y ejecución, desde la anatomía y la fisiología hasta la psicoacústica y la estética.

El conocimiento del aparato vocal y, sobre todo, su funcionamiento para la producción de voz, es un tópico básico e indispensable para comenzar el estudio de la técnica vocal. Es equivalente a la noción que debe tener un instrumentista acerca de su instrumento musical.

El aparato vocal está constituido por tres sistemas principales, que son: el sistema respiratorio, el sistema de fonación y el sistema de resonancia. En ese mismo orden es como se produce la voz. En el sistema respiratorio se genera el flujo de aire, que pasa por el sistema de fonación, donde se produce el sonido y, por último, le son dadas cualidades de timbre, calidad vocal y amplitud, a través del sistema de resonancia (figura 1.1).

Al sistema respiratorio lo conforman principalmente los pulmones y el músculo diafragma, que son los responsables de almacenar el aire y controlar la respiración, respectivamente. El movimiento del diafragma obliga a los pulmones a ampliarse y contraerse, causando los cambios de presión necesarios para la inspiración y la espiración. La liberación de la presión almacenada en los pulmones proporciona la corriente de aire necesaria para la producción del sonido.

La laringe constituye el principal órgano de fonación. Es un esqueleto de cartílagos (tiroides, cricoides, y aritenoides) que incluye y apoya a unas estructuras de músculo y ligamentos cubiertos por membranas mucosas. Estas estructuras son los pliegues o cuerdas vocales, que son la fuente primaria para la producción de la voz.
Cuando los pliegues son separados o abducidos, permiten al aire pasar  libremente entre ellos, como en el caso de la respiración. Cuando los pliegues son reunidos, o aducidos, la corriente de aire es oprimida, que es la condición preparatoria para la vibración. Los músculos de los pliegues vocales pueden cambiar la forma y la rigidez de los pliegues, causando cambios en la producción del sonido.

El sistema de resonancia es la combinación de cavidades por encima de la laringe que comprende la faringe, la cavidad bucal y la cavidad nasal. Al área comprendida entre la parte superior de la laringe y los labios, se le llama tracto vocal.

El tracto vocal tiene la capacidad de asumir una amplia gama de formas diferentes, que fácilmente son cambiadas por la articulación (modificación de la posición del velo del paladar, la mandíbula, la lengua y los labios), lo que proporciona una gran flexibilidad de afectación al sonido resultante.
Diversas partes del sistema vocal, como las propias cuerdas vocales, la glotis y el diafragma, no son accesibles a través de sensaciones nerviosas, es por ello que el profesor de canto utiliza métodos indirectos que influencian la voz de su alumno, como el utilizar la imaginación, ser consciente de sensaciones musculares en órganos adyacentes y el desarrollo de la atención a su propio sonido producido. Estas técnicas han sido diseñadas para cultivar la conciencia y un control preciso sobre las estructuras vocales para obtener una óptima resonancia, potencia y vibrato [Sundberg, 2000].

La facilidad, potencia, ductilidad y calidad sonora de la voz, son producidas por determinados y específicos movimientos musculares de los órganos implicados en la emisión, por lo que el profesor de canto muestra al alumno una técnica gestual. Una buena capacidad de introspección y experiencia escénica le serán útiles para pormenorizar al alumno las sensaciones que va a experimentar [Ferrer, 2008].

Artículo extraído de: Programa interactivo para analizar la voz cantada mediante técnicas de procesamiento digital de señales. Gracida, G. Tesis UNAM, México, 2011.

El ABC de la técnica vocal moderna para cantar bien

La técnica vocal corresponde a la parte de preparación física del cantante; a la coordinación del funcionamiento natural de la voz, por medio de la cual se adquiere la habilidad de cantar cómodamente en amplios intervalos, se corrigen defectos vocales y se homogeniza la voz en todos sus registros.

El entrenamiento vocal te puede permitir producir un sonido acústicamente más eficiente, en términos de utilizar el consumo mínimo de energía para que la intensidad sonora resultante sea mayor y, así, llenar un espacio físico grande o sobresalir del acompañamiento de los instrumentos musicales, sin la necesidad de una amplificación artificial.

La facilidad, potencia, ductilidad y calidad sonora de tu voz, son producidas por determinados y específicos movimientos musculares de los órganos implicados en la emisión, por lo que es muy importante revisar los siguientes aspectos:

A. Tu postura corporal

Es esencial que adquieras una buena postura corporal, ya que está directamente relacionada con la emisión de la voz. Es común que en las clases de técnica se tenga a mano un espejo donde puedes observar los cambios en tu postura del cuerpo. La postura correcta habla por sí misma, ya que puedes mejorar bastante tu entrada de aliento en una postura correcta, y por consiguiente cantarás mejor [Roe, 1970].

¿Cuál es la postura correcta?

En el canto se habla de una postura “noble” que significa erguida, bien apoyada en el suelo, pero sin tensiones innecesarias [Collins, 1999].

Para que comiences a practicar, te recomiendo poner especial atención en las siguientes partes del cuerpo:

  • Pies. Distribuye el peso de tu cuerpo equitativamente en los talones de los pies, que deben estar bien apoyados en el piso y tener una separación entre sí, de la misma proporción que el ancho de tus hombros.
  • Rodillas. Jamás debes juntarlas.
  • Abdomen. La parte alta del abdomen, donde se encuentra el diafragma, por debajo de las costillas, donde termina el esternón, debe ser un área que mantengas flexible y pueda responder suavemente al ciclo de la respiración.
  • Tórax. Debes estar erguido, pero no tenso.
  • Hombros. Hacia atrás, hacia abajo y relajados.
  • Cuello. No debes acumular ninguna tensión en todo el perímetro de tu cuello.
  • Brazos y manos. Relajados, a los lados del cuerpo.

Otro factor que puede interesarte, derivado de la postura corporal, es la interacción que existe entre tu público y tú, en el momento de presentarte. Actualmente, se han incorporado conocimientos de distintas técnicas específicas, como la técnica Alexander [Heirich, 2005] o el método Feldenkrais [Blades-Zeller, 2002], que tratan más de la correcta utilización del cuerpo en movimiento que de una postura en concreto.

Una buena capacidad de introspección y experiencia escénica te serán útiles para pormenorizar las sensaciones que experimentas con tu canto [Ferrer, 2008].

 B. Tu respiración

Existen dos factores que debes considerar de tu respiración al cantar: la dirección y el control del aire [Roe, 1970].

La columna de aire es elevada por medio de la presión hiperbárica pulmonar en dirección hacia el cráneo [Ferrer, 2008].

Durante la entrada de aire, los músculos abdominales están relajados y el tórax se expande; cuando al cantar una frase vas consumiendo tu suministro de aire, el contorno de la caja torácica no debe moverse bruscamente, hasta que consumes todo el aire.

La inspiración nasal o bucal (entrada de aire por la nariz o boca) debe ser profunda, suave y silenciosa.

En la espiración (salida de aire pero con voz), tienes que saber distribuir el aire inspirado por medio de una dosificación precisa, ya que si dejas escapar demasiado aire, la presión espiratoria (la fuerza del aire contenido en los pulmones) que actúa sobre las cuerdas vocales será grande y elevará la altura del sonido, lo que provocará que te desafines y, además, fatigarás tus cuerdas vocales por la acción brusca de la apertura de la glotis, llamada “golpe de glotis”. De igual manera, si la presión espiratoria es débil, disminuye la altura del sonido, afectando tu entonación exacta.

La presión espiratoria influye en la intensidad, la entonación, la duración y el vibrato del sonido emitido.

C. Tu emisión de voz

La emisión de voz comienza cuando el aire de tus pulmones pasa a través de tu laringe en donde se encuentran los pliegues vocales (cuerdas vocales) y que al cerrarse producen sonido. Dependiendo de la frecuencia con la que vibren se determinará el tono o nota musical.

El comienzo del sonido, como resultado de un conjunto de movimientos naturales de las cuerdas vocales -aducción, tensión, presión espiratoria y oscilaciones vibratorias-, se controla a través de la correcta respiración y por la postura corporal adecuada, sin tensiones musculares innecesarias [Cornut, 1985].

Se busca una emisión fisiológicamente natural, cómoda, sin esfuerzo.

Debes tener una sensación muy precisa del punto de emisión y mantenerte constante en esa colocación y estabilidad laríngea.

Según Ferrer, la coordinación perfecta entre el aire que llena los pulmones y la ligera retención del aire que precede al inicio de la actividad de las cuerdas, se percibe como un pequeño chasquido (oclusión), y corresponde a la correcta emisión de la voz. Si se mantiene la voz en ese punto, permite, con la práctica, la emisión del sonido sin alteraciones, desde un pianissimo hasta un forte y viceversa [Ferrer, 2008].


Además de dichos aspectos básicos, también es indispensable al cantar:

D. Lograr que tu voz sea homogénea

Cuando la voz se traslada de un registro a otro, las cuerdas vocales cambian de espesor, longitud y tensión; también cambia el lugar clave de resonancia. Por lo tanto, tienes que hacer un cambio en la emisión.

Las notas musicales donde se percibe claramente ese cambio, se llaman notas de paso, que exigen un estudio especial para cada quién, ya que con el entrenamiento se vuelven menos perceptibles. Cuando a través de la práctica, logras suavizar, emparejar o fusionar el paso a través de los registros, se dice que la voz es homogénea, pues aparentemente no se perciben cambios en la emisión vocal.

La preparación indispensable para lograr efectuar el pasaje de la voz, es el acto del bostezo (abertura relajada de la mandíbula), ya que en él existe una sincronización entre el movimiento de descenso laríngeo y el de la elevación del paladar [Ferrer, 2008].

E. Cuidar tu articulación y pronunciación

La correcta dicción, integrada por estos dos aspectos, proporciona la estética de la palabra cantada hacia la interpretación. La articulación entonada del lenguaje y la resonancia, se condicionan y complementan. Es necesario que tengas claridad en la proyección de las palabras, por lo que deberás articularlas siempre adelante y los labios deben estar muy activos, lo que permite la comprensión –de quienes te escuchan- del texto cantado [Cornut, 1985].

Es importante que los sonidos emitidos por la laringe no sean modificados en su calidad por alteraciones debidas a las consonantes [Ferrer, 2008].

La postura de la mandíbula debe ser siempre relajada, tanto en vocales como en consonantes. Cuando los cantantes abren la boca de manera normal, los movimientos de mandíbula deben ser hacia abajo y atrás, suavemente. De otra manera, si la mandíbula es empujada hacia fuera o a un lado, los músculos implicados en su operación se tensarán y el mecanismo de la articulación no funcionará correctamente [Roe, 1970]. Es esencial, por lo tanto, que permitas a tu mandíbula balancearse con facilidad extrema.

Para mejorar la articulación de los sonidos vocales en tu canto, es recomendable elevar -en lo posible- la parte posterior de la lengua, con el fin de aproximarla a los molares superiores.

Cada persona posee una voz especial, un timbre individual, en esencia determinado por la constitución y características físicas del propio aparato vocal. Este hecho es de suma importancia en el desarrollo y el estudio de la técnica, pues otorga a cada alumno posibilidades muy particulares. Es por ello que, los principios y fundamentos de la técnica vocal son los mismos en general, pero el profesor debe adaptar su enseñanza a cada alumno en particular.


Bibliografía:

Bunch, Meribeth. Dynamics of the singing voice. Springer. Viena, 1997.

Collins, Don L. Teaching Choral Music. Prentice Hall, 1999.

Cornut, Guy. La voz. Fondo de Cultura Económica. México, 1985.

Ferrer, Joan S. Teoría, anatomía y práctica del canto. Herder. España, 2008.

Heirich, Jane. Voice and the Alexander Technique. Mornum Time Press, 2005.

Roe, Paul F. Choral Music Education. Prentice Hall, 1970.