El estudio científico de la calidad de voz en el canto

El conocimiento científico para ponderar tu voz.

El estudio científico de la calidad de voz en el canto

Los estudios científicos de las características de la voz cantada son más numerosos en lo que se refiere a aspectos acústicos. Los estudios que fomentan las bases de este tipo de investigaciones son los publicados por Sundberg (1987), Bloothooft y Plomp (1988), Benade (1990), entre otros.

Es en 1994 cuando Sundberg publica un trabajo sobre los aspectos perceptuales del canto. Comienzan a surgir a la par estudios como el de Robinson, Bounous y Bailey (1994) o el de Omori et al. (1996) y otros estudios derivados donde los investigadores muestran su interés en indagar sobre los elementos que convergen en la evaluación de la calidad de voz.

Un modo importante de encontrar correlaciones entre los análisis acústicos y los perceptuales es a través de la semántica, es decir, las palabras que emplean los científicos y los profesores para realizar descripciones de calidad vocal o para calificar una “buena” voz. Por ejemplo, Garnier et al. (2007) realizan una exhaustiva organización del léxico utilizado por profesores expertos de canto para describir la calidad de voz, en inglés y francés. De las entrevistas que realizaron extrajeron más de 600 expresiones, que después ordenaron por campos semánticos según se referían a características acústicas, aspectos de la fonación, salud vocal, aspectos musicales o juicios de valor; entre ellas extrajeron diferentes expresiones disponibles para describir la calidad del sonido, como onomatopeyas e imitaciones cantadas en vez de formas léxicas, así como metáforas. Los autores observaron una gran abundancia de recursos léxicos para describir la calidad de voz, la cual proviene esencialmente de una enorme cantidad de calificativos metafóricos propios de cada oyente, pero lograron seleccionar alrededor de treinta expresiones que fueron comunes en el léxico de los profesores.

Ya con anterioridad, en los estudios de Wapnick y Ekholm (1997) se establecen 12 términos para la evaluación de la calidad de voz en el canto clásico, a partir de una entrevista realizada a profesores de voz de nivel universitario y en un estudio posterior, Ekholm, Papagiannis, y Chagnon (1998) utilizaron cuatro términos derivados del trabajo de Wapnick y Ekholm para relacionarlos con medidas objetivas de análisis acústico de la señal de voz. Después, Mitchell y Kenny (2003) identifican 18 términos, en inglés, que fueron comunes al describir la calidad del sonido por profesores de canto y los relacionan a medidas objetivas.

El desempeño de los cantantes depende directamente de elementos fisiológicos, tales como la postura y la técnica de respiración. Por supuesto, los profesores de canto hablan bastante acerca de ello en sus tratados de canto y libros de técnica vocal, como lo hacen Vennard (1968), Miller (1996) y Ware (1998). Una visión más reciente sobre estos aspectos se encuentra en las publicaciones de Luck (2007) y Ferrer (2008). En cuanto a estudios científicos, un ejemplo es la investigación de Robison y sus compañeros (1994) quienes determinan la importancia del buen uso de la respiración al obtener medidas físicas del movimiento abdominal y compararlas con los resultados acústicos y perceptuales de voces calificadas como “bellas”. Gurlekian et al (1998) también presentan un estudio incipiente que trata del manejo de la técnica de respiración y su influencia en los resultados acústicos y perceptuales.

Las resonancias del tracto vocal son un factor determinante en la cuestión de la calidad vocal; en diversos estudios, como los de Joliveau et al. (2004, [1] y [2]), Wolfe (2009), Garnier et al (2010), Swerdlin et al. (2010), Henrich et al. (2011), se muestra el interés por las estrategias que emplean los cantantes para sintonízar, ajustar o modificar dichas resonancias.

Para realizar una evaluación más completa de la voz cantada, se debe tomar en cuenta su nivel de “musicalidad”. Parte importante de ello es la habilidad del cantante de enlazar los tonos musicales. Por ello, una característica que se ha tratado mucho en estudios científicos es la percepción (o su ausencia) del cambio o el paso de la voz a través de los distintos registros vocales. Ortega y Barzola (2003) dan por hecho la relación entre el “pasaje” de la voz y la belleza vocal. En estudios posteriores Roubeau, Henrich, y Castellengo (2009), hacen una revisión del concepto de registro vocal y relacionan sus cambios con medidas del mecanismo laríngeo vibratorio. Echternach et al (2010) mencionan el uso de tecnología reciente como la electroglotografía y las imágenes a alta velocidad para extraer medidas de los cambios de registro en voces no entrenadas.

Otro aspecto importante del contenido de “musicalidad” en la voz es su contenido de vibrato. Incluso, el contenido de vibrato y la presencia de la “formante del cantante” en estudios acústicos es lo que determina la diferencia de la voz cantada y la voz hablada, pues esta última no posee esas características, tal como lo mencionaron Lindblom y Sundberg (2007). Brown et al. (2000) lo constataron al comparar frases habladas y cantadas por cantantes y no cantantes. La importancia del vibrato se presenta en análisis tanto perceptuales como acústicos, pero se ha tratado de encontrar la relación que existe entre sus elementos medibles y la forma en que se perciben, como en los estudios de Rothman, Rullman y Arroyo (1990) donde se presentan unas pruebas que informan sobre las características acústicas que se juzgan como buen vibrato en términos de modulación de frecuencia y amplitud, además de presentar una prueba adicional del efecto del envejecimiento de la voz, para saber si se hace evidente a través del vibrato. Morsomme et al (1999) presentan comparaciones entre la percepción del vibrato por jueces expertos y el análisis del espectro de voz. En los estudios de Arroabarren et al (2002) y Amir et al (2006 y 2009) se obtienen medidas acústicas del vibrato en cantantes profesionales y en estudiantes. Kato et al. (2006) presentan comparaciones de coeficientes de vibrato en diferentes estilos de canto. Neisha (2010) hace un estudio que trata del control voluntario del vibrato en cantantes entrenados.

Los profesores de canto saben lo que es una “buena” voz, desde sus propias perspectivas culturales (Robison et al, 1994) y de experiencia (Sofranko, 2012). A lo largo del desarrollo del canto operístico clásico, la transmisión de conocimientos se ha realizado de manera empírica con una tradición del uso de la imaginación y metáforas (Hemsley, 1998 y Jander et al, 2001). Sin embargo, al encontrar trabajos como los de González (2002), Cao (2009), Fu (2010) y Bhandari (2012), y los mencionados arriba, podemos darnos cuenta de que se ha puesto en marcha ya en todo el mundo un mecanismo para comenzar a aprovechar las innovaciones tecnológicas en la enseñanza y evaluación del canto, así como los nuevos conocimientos –más científicos- en la exploración del funcionamiento vocal.

 

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